Para
la historia 1492 marcó el "Encuentro de Dos Culturas".
Por un lado los europeos, en un interminable peregrinar en busca de
riqueza. Por otra parte los indoamericanos, viejos habitantes del
Nuevo Mundo.
Todos conocen
los resultados de esta interacción, desde la América
del Norte a la Tierra del Fuego, desde los Andes al océano
Atlántico los señores de la tierra desaparecieron, como
fantasmas viven en la conciencia colectiva con sus ciudades, leyendas
y monumentos. Reducidos a un puñado de errantes que reclaman
su herencia, su cultura, su derecho a la identidad; nos llaman a la
reflexión desde lo más profundo de nuestra conciencia.
Sin embargo
el conquistador recibió también una herencia. Herencia
que llega hasta nuestros días derramando dolor y muerte donde
quiera que se instala. Así como las riquezas del Nuevo Mundo
viajaron a las Cortes europeas, también lo hizo un simple planta,
una hoja a la que los aborígenes atribuían poderes curativos
y que cautivó a los europeos, una hoja que portaba en su interior
los humos de la revancha. El tabaco. Hoy a más de quinientos
años de distancia el legado sigue funcionando, como un fuego
eterno la braza que consume al tabaco ilumina la tierra, disemina
sus efectos, envenena el aire y mata.
Más de
3 millones de personas mueren anualmente por el tabaco, hebras doradas
que han significado la riqueza para unos pocos y el dolor y muerte
para muchos.
Desde las entrañas
de la memoria puede que el Inca o el Maya canten un canto ceremonial
para vencer a sus enemigos. También es posible que los hombres
cómo especie logren algún día derrotar al monstruo
que el tabaco lleva en su interior.
Cuando llegue
el día en que el último cigarrillo sea apagado es posible
que las dos culturas por fin terminen su guerra, que se respete el
derecho de las personas a la identidad y que por fin la revancha carezca
de sentido./TabacoUpdate