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¿Cómo ayudar a los pacientes a dejar de fumar?

Abandono del hábito tabáquico mediante la aplicación del programa de ayuda al fumador en el centro de salud de Chantrea
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Ayudando al los pacientes a abandonar el uso y dependencia del tabaco (segunda parte)

Dejar de fumar representa la decisión más importante que un fumador puede tomar para mejorar y prolongar su calidad de vida. U.S. Surgeon General

Fumar no sólo es "un hábito". También es una drogadicción, fumar tabaco cumple con todos los criterios que definen al consumo de una sustancia: existencia de tolerancia, dependencia, síndrome de abstinencia, comportamiento compulsivo, etc. La máxima responsable de todo esto es la nicotina, de poder adictivo similar al de otras drogas como la heroína o cocaína. Dejar de fumar no es un hecho aislado, se trata de un proceso complejo en el que el médico participa guiando, aconsejando y apoyando en función de una situación estratégica que el paciente plantea. Motivación y dependencia parecen ser los pilares que sustentan el éxito o el fracaso en la intervención profesional. Para indagar el nivel motivacional del paciente se han diseñado distintas encuestas, entre ellas el Test de Richmond. A partir de cuatro preguntas, es posible valorar que tan motivado se encuentra el paciente para dejar de fumar. Las intervenciones varían, dependiendo de la fase en que se encuentre el paciente.

Intervención Mínima

Está orientada a todos aquellos fumadores que no son capaces de comprometerse a dejar de fumar antes de un mes. Los componentes básicos de la Intervención Mínima son: Preguntar a todos los pacientes sobre consumo de tabaco. Registrarlo en la Historia Clínica. Dar consejo oportuno. Advertir al paciente de que se hará un seguimiento de su consumo de tabaco en las visitas sucesivas. Entregar folleto informativo sobre los efectos negativos del tabaco y las ventajas de abandonarlo. El elemento fundamental de esta intervención es el CONSEJO, de probada eficacia y eficiencia para conseguir de un 5 al 10% de abandonos, siempre que reúna una serie de características o elementos. Debe ser sistematizado, serio, firme, sencillo, corto (2-3 minutos, máximo) y personalizado. Debe incluir elementos informativos y de educación sanitaria, haciendo especial hincapié en las ventajas derivadas del abandono del tabaco. El consejo debe repetirse cada vez que el fumador acuda de nuevo a la consulta.


Intervención Avanzada

Este tipo de intervención es el adecuado para todos aquellos fumadores capaces de fijar una fecha, dentro de los próximos 30 días como máximo, para dejar de fumar y especialmente para los que creen necesitar ayuda para conseguirlo (25% de los que abandonan el tabaco). Su objetivo es aumentar aún más la motivación y autoconfianza del fumador. Los elementos básicos de la intervención son: Consejo personalizado para reforzar al máximo la motivación. Despejar dudas y temores. Entregar "Guía para dejar de fumar" o similar. Fijar fecha para abandono (día D) de común acuerdo. Establecer estrategia de apoyo adecuada. Recomendación de terapia farmacológica, si precisa. Evaluación y seguimiento en la fase de abstinencia.


Aquí el elemento fundamental es la ESTRATEGIA DE APOYO, que consiste en establecer una serie de actuaciones que sirvan por un lado, de preparación específica hasta llegar el día D (período de desvanecimiento), y por otro, para superar el posible síndrome de abstinencia y las situaciones y momentos difíciles de los primeros días sin fumar, donde el peligro de recaída es mayor. Se conoce como "período de desvanecimiento", el que va desde el día en que el paciente decide dejar de fumar y fija fecha de abandono, hasta que ésta llega. El fumador debe elaborar dos listados, uno con los motivos por los que fuma y otro por los que desea dejar de fumar. Los guardará y llevará siempre consigo en sitio visible para recordarlos a menudo. Debe anotar, cuando vaya a encender cada uno de los cigarrillos, con una escala de valoración sencilla (de 0 a 3) el grado de necesidad que tiene de fumar o de la satisfacción que espera obtener, así como la situación que le indujo a hacerlo. El paciente debe recibir información sobre la existencia del síndrome de abstinencia y de cuáles son sus síntomas, así como de la forma de paliarlo. Informar a su familia, amigos, compañeros de trabajo, etc., sobre la firme decisión tomada. Recibir instrucciones sobre el uso de la TSN (posología, etc.), si precisa. Una vez concluida la "etapa de desvanecimiento", se plantearán acciones concretas a desarrollar el día D y sucesivos, tales como: Abstinencia o supresión total del consumo de tabaco, a partir de este día. Eliminar todos los objetos y símbolos relacionados con el hecho de fumar (ceniceros, fósforos o encendedores,....). Usar TSN si existe una dependencia física importante que así lo justifique. Poner en práctica todas las estrategias y conocimientos adquiridos en el anterior "período de desvanecimiento". Es recomendable el seguimiento programado de la abstinencia, bien sea directamente en la consulta o mediante el teléfono. Es muy importante subrayar las ventajas y efectos positivos que el fumador experimenta ya desde los primeros días de abstinencia (mejora del olfato, del sentido del gusto, de la capacidad para desarrollar esfuerzos físicos, de la autoestima, de la consideración familiar y de los auténticos amigos, ahorro económico, etc.) para así mantener alta la motivación y evitar las recaídas. De todas formas éstas se darán y seguramente con una alta frecuencia. Las recaídas forman parte natural del proceso, comprender esta realidad ayudará a transitar las duras instancias del abandono, meta final del tratamiento.


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