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¿No crees que el tabaco es un veneno?

Lecciones escolares de antaño

La verdad. Tantas veces cuestionada, ocultada, maquillada.
Si la verdad llegara claramente a todos, miles de personas salvarían sus vidas, en especial los niños. Aquellos que aún no han comenzado a fumar, que son el centro de atención de la publicidad, son también el futuro de un mercado en franco crecimiento en los países en vías de desarrollo.

Los educadores juegan un papel destacado en la prevención. Ellos conviven con los niños, son, por lo menos en parte, sus modelos.

El siguiente texto fue publicado en un libro de lecturas infantiles hace ya muchos años. Su autor Pablo. A. Pizzurno, modelo para los jóvenes maestros ha legado un ejemplo al que no se debería desatender. Ya que aunque el lenguaje haya cambiado las víctimas son las mismas.

A pesar de los años, este material sigue teniendo indudable valor educativo. Todos los elementos están allí, la dependencia, el tabaco como factor de riesgo y enfermedad y la posibilidad de abandonar tomando la decisión; y avanzando de un día a la vez.

“Tanto o más interesante que la lección de otro día sobre los terribles efectos del alcohol, resultó la que el maestro nos dio sobre los males que produce el tabaco.
Si todos los fumadores fueran capaces de dominarse y de hacer sobre sí mismos las experiencias oportunas, se convencerían de que el tabaco es un verdadero veneno que, si no mata violentamente, salvo en casos especiales, acorta la vida por los efectos que produce sobre distintos órganos. Muchos antiguos fumadores que tuvieron voluntad suficiente para dominarse y suprimir el cigarro, confiesan que su salud y sus energías para el trabajo aumentaron como consecuencia de la abstención, desaparecieron las perturbaciones ligeras pero molestas, en unos casos males serios, graves, en otros.
Cuando el maestro dijo eso, José observó:
-Pero hay muchas personas que fuman sin experimentar daño alguno, y hasta grandes fumadores tampoco sufren la menor dolencia.
-Así puede parecer, en efecto, contestó el maestro, y de ahí la sonrisa de incredulidad de muchos cuando se les hable mal del tabaco. Ignoran que es un enemigo que no ataca siempre a cara descubierta, como cuando al principio produce mareos, vómitos, desmayos, etc. Es habitualmente un taimado que suele tirar la piedra y esconder la mano; o como esos cómplices de robos y asesinatos que, si no cometen ellos mismos el delito, preparan el terreno, abren la puerta, distraen o aturden a la víctima o la toman de los brazos para que otro peque el golpe decisivo con facilidad.
-¿Cómo, otro? No comprendo.
-Es muy sencillo. El tabaco mina el organismo poco a poco, causando perturbaciones que lo debilitan, de tal modo que si mañana tiene que librar algún combate con determinado enemigo, encuentra que sus recursos, su energía para defenderse, son insuficientes. ¿Adivinas cuáles son sus enemigos?
-Sí, las enfermedades.
_¡Claro! Rodeados como estamos de causas de contagio, un día nos sorprende una fiebre tifoidea, la escarlatina, la tuberculosis, una neumonía, la influenza, enfermedades que un hombre fuerte, que no fuma ni bebe, contrarresta y se salva, en tanto que otros, con un poder de resistencia insuficiente, sujetos por los brazos por ese cómplice silencioso y perseverante llamado tabaco o alcohol, luchan con desventaja, pierden la partida, mueren.
Esto es lo que no quieren comprender loa que fuman, ni los que beben. Sólo cuando el mal es muy grande y notorio suelen algunos corregirse, a veces demasiado tarde para readquirir el completo estado de salud que desearían.
El maestro nos refirió el caso de un profesor convencido del daño que el tabaco producía; pero, gran fumador, alegaba serle imposible ya cambiar de costumbre. Su conciencia le decía: “ No tienes voluntad, eres un ser inferior.” Una mañana exclamó:
-Bueno, no me comprometo a dejar del todo el cigarro, pero sí a pasar un día, hoy sin fumar. Y no fumó.
Al día siguiente repitió: -Hoy tampoco fumaré. Y no fumó. Contento y aplaudido por la familia, persistió en la misma forma. Así pasó un año entero. Y tal fue su mejoría que se abstuvo en adelante.
El mal hábito fue vencido y hoy se felicita. Han cesado sus padecimientos y economiza muchos pesos a los cuales da más provechoso destino.

El libro del escolar. Editorial Cabaut y Cía. 1931.

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