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Tratamientos farmacológicos para la adicción tabáquica

Más de 6.000 artículos publicados entre 1975 y 1999 señalan los riesgos del tabaquismo y la necesidad de encarar nuevas y más efectivas formas de aproximación al problema.

La epidemia mundial de enfermedades vinculadas al uso del tabaco continúa en crecimiento, alrededor de un tercio de la población mundial adulta fumaba a principios de los años noventa. Esta epidemia creada por el hombre, costará la vida a más de 500 millones de esos fumadores en los próximos años.
El tratamiento efectivo de la adicción al tabaco o la dependencia nicotínica es un componente significativo dentro de las estrategias mundiales para reducir este fenómeno. Un tratamiento adecuado, combinado con nuevas políticas de control, puede salvar alrededor de dos millones de vidas en el año 2010. Sin embargo, el acceso a estos tratamientos no es igual en todo el mundo; en los países en vías de desarrollo muchos fumadores no reciben información que les permita tomar ventaja de ellos. Los riesgos no solo afectan a los fumadores la exposición pasiva al humo del cigarrillo es también un riesgo para la población en su conjunto, la mitad de los niños del mundo están expuestos a este riesgo.
Los productos del tabaco son altamente adictivos y son cuidadosamente diseñados para disminuir los esfuerzos por dejarlos por quienes los consumen. Los fumadores son estimulados por todas las vías posibles, fisiológicamente, psicológicamente y también socialmente. Frente a un estímulo de tamaña naturaleza es poco lo que puede hacer, todo se aúna para mantener el ciclo consumo- compra en marcha.
Más de 6.000 artículos publicados entre 1975 y 1999 señalan los riesgos del tabaquismo y la necesidad de encarar nuevas y más efectivas formas de aproximación al problema.
Desde hace varios años el Departamento de Salud de los Estados Unidos publica la “Guía Práctica para el Tratamiento del Uso y Adicción al Tabaco” . El documento contiene recomendaciones diseñadas para asistir al médico clínico y administradores de salud en el abordaje del “problema”.
El tabaquismo es una enfermedad y el fumador es un enfermo, puede definirse como, un síndrome de daño multiorgánico, lentamente progresivo, asociado con la adicción a la nicotina. El fumador es un enfermo en los términos del Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-IV), cursa con una adicción severa que a su vez condiciona dependencia psicológica y física. Sus características son las de un adicto a la nicotina y eventualmente puede desarrollar síntomas de abstinencia al abandonar su consumo.
El problema es complejo. La enfermedad no es reconocida por la mayoría de la población y, a menos que el fumador ya haya desarrollado alguna de las múltiples posibilidades de daño orgánico, a los fumadores no se les reconoce como enfermos.
El tabaquismo constituye – en cierta forma- una enfermedad social. En 1993 en los Estados Unidos los costos ocasionados al sector salud por el uso del tabaco ascendieron a 50 mil millones de dólares, mientras que las pérdidas económicas en la productividad representaron 47 mil millones de la misma moneda.
En la República Argentina la prevalencia del tabaquismo es alta, según cifras publicadas por organismos internacionales fuman el 47 % de los hombres adultos y el 34 % de la mujeres, mientras que entre los médicos estas cifras alcanzan el 30 % y en enfermeras el 36 %.
La farmacoterapia es un elemento vital en el tratamiento del paciente fumador. La guía del PHS (Public Health Service, Treating Tobacco Use and Dependence.) identifica cinco medicaciones de primera línea. Bupropion SR, chicles de nicotina, parches de la misma sustancia. Además, inhaladores de nicotina y spray nasal de nicotina no disponibles en Argentina . Señala también dos tratamientos de segunda línea (Clonidina y Nortriptilina). Por otra parte, identifica los tratamientos que, a través del meta-análisis de la literatura no han reportado efectividad, como los ansiolíticos, beta bloqueantes, Mecamilamina y acetato de Plata.
Muchos médicos mostraron resistencia a indicar algunos de estos tratamientos, aduciendo que deben reservarse para aquellos pacientes con graves problemas o que hayan fracasado al intentar abandonar el cigarrillo por sus propios medios. La evidencia epidemiológica es opuesta a esta visión y la experiencia y recomendaciones de los expertos sugieren que debe asegurarse a todos los pacientes el tratamiento médico adecuado de la misma forma que en otras adicciones y enfermedades crónicas.
Se estima que a pesar que, muchos fumadores intentar dejar el cigarrillo todos los años, alrededor del 95 % fracasa. Es por ello que el consenso interpreta que reservar el acceso a la farmacoterapia solo para algunos casos es inadecuado.
Los fármacos de primera línea han demostrado ser efectivos y seguros para el tratamiento de la dependencia del tabaco.

TERAPIA SUSTITUTIVA CON NICOTINA

Del análisis bibliográfico de la terapia sustitutiva con nicotina (TSN) se deriva que muchas de las dificultades para dejar de fumar se centran en los problemas que plantea el retiro de la nicotina. El síndrome de abstinencia (que conlleva una amplia gama de síntomas, incluyendo la irritabilidad, el nerviosismo, la tristeza, la incapacidad para concentrarse, el aumento del apetito, así como la necesidad de fumar) comienza horas después de haber fumado el último cigarrillo. Numerosos estudios experimentales y clínicos han demostrado que la TSN atenúa la gravedad del síndrome de abstinencia y por tanto, hace que los futuros ex fumadores lleven mejor su deshabituación.
Los productos sustitutivos con nicotina están disponibles en numerosas formas, entre las que se incluyen chicles, spray nasal, pastillas e inhaladores. Las diferentes formas de la TSN difieren en términos de administración y velocidad de absorción, así como en la medida en que ofrecen una respuesta a la necesidad de fumar y un ritual de comportamiento para reemplazar el ritual de fumar cigarrillos. Ninguno de ellos aportan tan alta concentración arterial de nicotina como la que se obtiene al fumar y la dosis general de nicotina que proporcionan es normalmente un tercio de la de los cigarrillos. Esto, junto con la ausencia de alquitrán tóxico y de los componentes de la fase gaseosa de los cigarrillos, otorga a la TSN un perfil de seguridad. Las pruebas aleatorias han establecido que todas las formas de la TSN son ayudas eficaces en la cesación tabáquica, y su utilización duplica las posibilidades de conseguir dejar de fumar. En la actualidad no existen pruebas fiables que indiquen que alguna forma de TSN sea más eficaz que otra.
La eficacia de la TSN parece ser totalmente independiente de los demás elementos del tratamiento: aunque los índices de éxito absoluto son más altos con un apoyo psicológico más intenso. Esta característica le confiere a la TSN un papel importante desde el punto de vista de la salud pública, cuando se pretende llegar a una proporción alta de población fumadora mediante intervenciones sencillas y breves.
Algunos estudios han demostrado que conseguir la abstinencia absoluta en el plazo de 48 horas es vital para el éxito a largo plazo. Aquellos fumadores que siguen fumando después de ese plazo, incluso los que fuman muy poco, casi invariablemente no conseguirán dejar de fumar. No es muy habitual que los sistemas de atención sanitaria subvencionen el costo de la TSN a los fumadores, aunque está demostrado que el índice de personas que dejan de fumar se maximiza cuando los costos del tratamiento se reembolsan en su totalidad.
Hay muy pocos casos en que la utilización de la TSN esté contraindicada y recientes
directrices para la práctica clínica han sugerido que la TSN debería ser la parte más importante del tratamiento dirigido a todos los fumadores. Incluso en aquellos casos en que se ha tenido una precaución al aconsejar la utilización de la TSN, por ejemplo durante el embarazo y en el caso de enfermedades coronarias graves, existen argumentos racionales basados en la eficacia y en la seguridad que sugieren que la TSN sería preferible a la alternativa probable de continuar fumando cigarrillos.

TRATAMIENTOS FARMACOLÓGICOS SIN NICOTINA

El éxito de la TSN ha promovido el interés por encontrar otros medicamentos que ayuden en la cesación tabáquica. Muchos no han tenido la eficacia pretendida (incluyendo en su mayor parte los ansiolíticos y los antidepresivos que se han probado), mientras que otros como la clonidina, solo se recomiendan como tratamiento de segunda elección por sus efectos secundarios. Recientemente, el bupropión, un antidepresivo atípico con actividad noradrenérgica y dopaminérgica se convirtió en la primera medicina sin nicotina aprobada para usarse en la cesación tabáquica. El mecanismo de acción parece no estar relacionado con los efectos antidepresivos del medicamento sino más bien con su vías comunes a la de la adicción. Bupropión aumenta las concentraciones de dopamina extracelular en el núcleo accumbens al igual que la nicotina. El nucleus accumbens, una parte del sistema nervioso mesolímbico, puede ser un componente importante del circuito neural de gratificación. Igualmente, como las concentraciones de nicotina caen con la abstinencia las proporciones de destello de las neuronas noradrenérgicas aumentan en el locus ceruleus, lo que puede ser la base de síntomas por retiro.
Los ensayos clínicos, entre fumadores no depresivos, han demostrado claramente su eficacia; por la intensificación de los resultados, los efectos del bupropión y el parche de nicotina parecen sumarse. El bupropión tiene un impacto positivo sobre el peso, ya que los pacientes que lo utilizaron engordaron menos que los pacientes que recibieron un placebo. Este efecto también se ha observado en algunos ensayos con la TSN, pero el efecto supresor del aumento de peso de los tratamientos farmacológicos puede que no se mantenga una vez finalizada la terapia.
Cualquiera sea el tratamiento por el que opte el profesional, todo parece indicar que la cesación del tabaquismo tiende a ser más sencilla para el paciente, así surge del análisis de infinidad de estudios y ensayos clínicos y así lo sugieren las directrices internacionales sobre el tema.
Solo la suma de estrategias gubernamentales, médicas e individuales parecen poder ofrecer una respuesta al monstruo de humo.

Fuentes:
Fiore MC, Bailey WC, Cohen SJ, et al. Treating Tobacco Use and Dependence. Clinical Practice Guideline. Rockville, MD: U.S. Department of Health and Human Services. Public Health Service. June 2000.

Unión Europea.
Informe del Grupo Ejecutivo Anti-tabaco
Dr. Roberto Masironi, Coordinador General (Ginebra, Suiza)
Sr. Laurence Dopson, Consejero editor (INTSH, Reino Unido)
Sra. Margaret Brayton MBE, Consejera Científica (INTSH, Reino Unido)
Profesor Per-Gunnar Svensson, Director General (FIH, Londres)
Profesor Michael Kunze, Director del Instituto de Medicina Social
(Universidad de Viena, Austria)
Dr. Stefano Nardini, Unidad Cerebral Enfermedades Pulmonares & TB
(Hospedale Civile, Vittorio - Venetto, Italia)

Sansores RH, Ramírez-Venegas A,
Espinosa-Martínez M, Sandoval RA.
Tratamientos para dejar de fumar,
disponibles en México.
Salud Publica Mex 2002;44 supl 1: S116-S124.
El texto completo en inglés de este artículo está
disponible en: http://www.insp.mx/salud/index.html

Nuevos datos sobre el tratamiento
farmacológico del tabaquismo
www.fonendo.com 01/04/2001

U.S. Department of Health and Human Services. Reducing Tobacco Use: A Report of
the Surgeon General. Atlanta: U.S. Department of Health and Human Services, Centers


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